Título
XI Bienal de Fotografía
Texto curatorial
XI BienaI de Fotografía: Imagen y exploración
Hace una década fue inaugurado el Centro de la Imagen con la VI Bienal de Fotografía. Nuestra institución retomaba así la estafeta que había dejado el Consejo Mexicano de Fotografía en 1980, luego de cinco emisiones que presentaron, a partir de 198O, varias de las mejores imágenes realizadas en esa década. Al iniciar sus actividades presentando los resultados de este certamen , el Centro de la Imagen, en colaboración con el Instituto Nacional de Bellas Artes, asumía uno de los principales compromisos que le dan sentido: la celebración y el cuestionamiento de la fotografía de autor. Celebración porque implica el reconocimiento y estímulo de la producción realizada por fotógrafos que afirman su independencia creativa mediante trabajos producidos a partir de sus propios intereses; y cuestionamiento porque, más allá de referir trabajos individuales bajo el aura de lo artístico, la Bienal de Fotografía siempre termina reflejando realidades sociales y culturales que permiten a diversos públicos establecer una distancia crítica frente a las obras que la conforman.
En el mismo periodo en que ha vuelto a tener lugar la Bienal de Fotografía, innumerables proyectos de promoción artística intentaron analizar la manera en que el cambio de centuria implicaba, supuestamente, un cambio de época. Las revisiones de las etapas y tendencias sucedidas durante el siglo xx señalaron, finalmente, que los orígenes de la transición de largo alcance que se percibe día con día en el campo artístico actualmente se encuentran entre las décadas del sesenta y setenta, y que en su veta más fructífera implica sobre todo un diálogo entre la energía del vanguardismo con las fórmulas de la cultura popular. La asimilación de éstas dentro de la obra de diversos artistas ha generado la posibilidad de considerar su labor más allá de una tradición que la confina a círculos de conocedores.
La fotografía ha jugado un papel clave dentro de este proceso, ya que su carácter mediático ha reforzado la relación entre lo popular y lo artístico, sobre todo luego de la diseminación de la tecnología digital por medio de las computadoras personales e internet en la década pasada , que ha incidido, cuando menos, de dos maneras: ampliando las posibilidades de circulación de las imágenes, y propiciando que los fotógrafos retomen la noción de montaje como una estrategia que, más allá de permitirles conjugar realidades dispersas, acentúa su potencial discursivo, generando una «tercera imagen» que contiene las que le preceden, no como una síntesis, sino como un complejo iconográfico abierto al diálogo con el espectador.
Como siempre que la tecnología abre la opción de nuevas vertientes creativas, el riesgo de que la producción de imágenes se convierta en una aburrida repetición de efectos se encuentra latente en la mayoría de las obras que se asumen de manera experimental. y resulta a veces difícil deslindar si el resultado presentado por el artista constituye una forma genuina de creación, o se trata del simple seguimiento del «programa» -es decir, de los modelos visuales estimulados por el consumo-, que aludía Vilem Flusser como el estado general de la fotografía como medio de comunicación.
Pero, por otra parte, es conveniente reconocer la pertinencia y la capacidad de los medios para responder a las necesidades críticas de los artistas. Éste es, justamente, uno de los objetivos de la Bienal de Fotografía, que busca revisar, mediante el trabajo reciente de los más diversos creadores, la forma en que éstos asumen una posición propia frente a la fotografía.
Usualmente, la inquietud más generalizada entre los fotógrafos a partir de que el Centro de la Imagen retomó la organización de la Bienal en 1994 ha sido explorar la redefinición del medio luego de su deslinde del canon realista con el que se le concibió durante toda su historia; esta condición, más el surgimiento de la Bienal de Fotoperiodismo en 1993, ha perfilado este proyecto como un concurso donde predomina la vertiente experimental en los trabajos de los autores inscritos.
Sin embargo, el vínculo de la fotografía con la verosimilitud sigue siendo uno de sus principales argumentos, y es a partir de éste como el medio mantiene su autonomía como campo creativo, si bien en el intersticio abierto por la crítica al dogma realista se han abierto opciones para pensarlo de nuevas maneras, reflejadas en la Bienal a través de ciertos temas: la huella y la memoria, el cuerpo y la identidad, el espacio y la abstracción, la fantasía y la representación, así como acontecimientos o procesos que refieren estilos de vida o atmósferas de sectores sociales específicos.
Despojados de prejuicios, los fotógrafos y artistas que participan en la Bienal no asumen la coartada de representar lo real o la ficción como categorías excluyentes; saben que la imagen actual funciona precisamente en los linderos de ambas premisas, y que, como sucede con las series de Gerardo Montiel y Edgar Martínez -acreedores a los Premios de Adquisición-, la fotografía funciona mejor cuando consigue entrelazar la opaca profundidad de nuestro inconsciente con la luminosa superficialidad de nuestra experiencia.
Alejandro Castellanos Cadena, Director del Centro de la Imagen
Autores
Muestra Colectiva
Fecha de inicio
2004-09-09
Fecha de cierre
2004-11-21
Sede
Centro de la Imagen
Curaduría e investigación
Gustavo Prado y Martha Miranda, Coordinadores de la XI Bienal de Fotografía
Créditos
Jurado
Laura González, Carlos Ashida, Armando Cristeto, Juan Rodrigo Llaguno y Rubén Ortiz
Contenidos en línea
Lista de obra
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