Utaki, en okinawense, traduce la idea de lugar sagrado, lugar de oración, generalmente espacios en la naturaleza: un bosque, cueva o montaña, al que acceden pocos. Esta mirada a lo sagrado, según la necesidad sentida por el fotógrafo, se remonta a sus raíces, en un proceso de investigación de familia y hogar, conceptos que se mezclan dentro de la cultura japonesa.
Las fotografías expuestas en el butsudan, el oratorio japonés, marcan la presencia de los antepasados en el espacio de la casa. Las huellas dejadas en forma de retratos de 3x4 nos recuerdan que las fronteras de lo visible están constantemente permeadas por el mundo invisible de los muertos.