Nuestros recuerdos se transforman y diluyen constantemente. La memoria pierde sus códigos, se modifica y se recrea. El olvido se abalanza sobre nuestra memoria; y la lucidez, que surge como un relámpago, rápidamente se desvanece. En ocasiones, nuestra memoria se altera y cuestionamos la veracidad de las imágenes, que son la prueba material de nuestra vida. Así, nos aferramos a recuerdos que atesoramos más que a imágenes porque las consideramos restos de nuestras experiencias. Pero la mente juega con ellos y los recuerdos se desvanecen por sí solos. ¿Nos quedamos con imágenes? ¿Con recuerdos? En Santísimo Sacramento quise ilustrar, explicar y comprender la pérdida de memoria por el Alzheimer y la demencia. En este caso, hablo de mis padres y antepasados. A través de fotografías, negativos y mis propias reminiscencias, he intentado recrear sus recuerdos como excusa para anclar mi propia memoria contra el torbellino del olvido.