Estaba andando en bicicleta por mi vecindario en Little Italy hace casi treinta y cinco años. De repente, una ráfaga de luz apareció en mis ojos. Su origen era un grupo de niños parados frente a un espejo, enfocando el sol en mi cara, casi cegándome. Ese fue el día que conocí a las Prince Street Girls, el nombre que le puse al grupo que frecuentaba la esquina cercana casi todos los días. Yo era el extraño que no pertenecía. En aquel entonces, Little Italy era principalmente para italianos.