Mientras me desplazo diariamente por la región donde vivo, que está en constante construcción, registro las marcas que dejan los montones de arena que almacenan los albañiles, apoyados contra las paredes en proceso, y que van retirando a medida que avanzan en sus tareas constructivas. Se trata de vestigios de montículos, que quedaron grabados en las nuevas paredes, después de algún tiempo permanecieron en contacto con ellas.
También paso por enormes minas de hierro, que ya forman parte del paisaje de Minas Gerais, pero que transforman las montañas vecinas en enormes escaleras, que descienden lentamente hasta desaparecer en el ondulado horizonte.