La cámara de Juan Travnik captura la tristeza, ese estado de cosas donde ya no hay espacio para la ansiedad. Sus imágenes definen el paisaje desolado y abandonado. Sus fotografías son, en cierto sentido, brutales, pero fundamentalmente políticas. Transmiten la presencia/ausencia de personas, habitantes, ciudadanos que no perciben la situación. Porque, aunque no vemos cuerpos en estos paisajes, sus acciones, decisiones y negligencias se perciben.