Cuenta el dueño de un coto del norte de España que hace no mucho cazó un lobo. En los buenos tiempos, el animal hubiera sido disecado o quizás tirado directamente a la basura. Hoy, la pieza escasa e ilegal acabó sus días en un arcón congelador. «Si viene a cazar gente importante, lo sacamos del congelador un día antes y les decimos: mira lo que matamos ayer. Es lo que quieren ver».