El 9 de abril de 2009, un grupo de familias de Belo Horizonte se organizó en pos de su sueño de tener un terreno y vivir en su propia casa. El reto: ocupar un terreno abandonado cuyos sucesivos propietarios durante más de 40 años habían incumplido la función social del terreno y acumulado deudas fiscales. En una semana, más de mil familias se unieron a la ocupación bautizada como Dandara, en referencia a la heroína del Quilombo dos Palmares. Mi contacto con Dandara se produjo por casualidad y se prolongó por cariño. El drama en la vida de sus habitantes, que construían casas bajo el riesgo de ser desalojados, reveló una necesidad que antes desconocía o ignoraba: la reforma urbana. Ya teniendo mi propia casa, busqué refugio en Dandara innumerables veces. Caminé por sus calles trazadas, entré en las casas y tomé café mientras escuchaba epopeyas personales de personajes maravillosos. Su territorio me sigue y avanza.