“À la ville de… Barcelona” fue la frase pronunciada por Juan Antonio Samaranch a las 13.32 horas del 17 de octubre de 1986. Barcelona se convertía en la sede olímpica de 1992. “Recuerdo estar en el colegio y como esta noticia nos hizo saltar a todos de alegría, a pesar de tener tan solo 8 años”. Para la historia quedará la imagen del alcalde Pasqual Maragall alzando los brazos haciendo el símbolo de victoria. Una ilusión colectiva se adueñó de la ciudad, iban a cambiar muchas cosas, Barcelona se reencontraba con el mar, se construyeron las rondas, la Vila Olímpica y un largo etcétera de infraestructuras que mejorarían sus vidas. Y, sobre todo, la ciudad se abría al mundo. En una campaña de marketing perfectamente estudiada, saltos de trampolín incluidos, Barcelona pasó a encabezar las listas de preferencias de lugares a visitar y querer instalarse. Eslóganes como Barcelona ponte guapa y Barcelona la mejor tienda del mundo los convirtieron, poco a poco, en un bonito escaparate donde cada vez es más difícil vivir.