Por su propia naturaleza, toda fotografía nace para reproducir una imagen. Rostros, historias y paisajes se enmarcan y fijan para siempre dentro de las cuatro esquinas de la impresión. Sin embargo, sería maravilloso si estos rincones pudieran abrirse de alguna manera, rompiendo así el perímetro de la fotografía y permitiendo que la imagen regresase al mundo del que una vez salió.